noticias , Tierra Uno Sábado, 14 abril 2018

Siria: No será la Tercera Guerra pero para los sirios sigue siendo el fin del mundo

Foto AP

Foto AP

Siria es una hemorragia sin fin pero, al menos por ahora, no hará estallar la Tercera Guerra Mundial. El ataque de los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña  a bases en Homs y Damasco ha consistido en una tormenta de misiles que podrían calificarse como un “latigazo” al régimen de Assad y una mirada de “estate quieto” a su aliada Rusia. La intensidad del ataque ha sido anunciada como de naturaleza limitada, única y con el cuidado expreso de no tocar objetivos rusos en dicho país.

1. ¿Y esta vez por qué fue el ataque?

La acción occidental se debe al reciente uso de armas químicas en la ciudad de Duma, atribuida a las fuerzas de Assad. Aunque este autócrata es capaz de ello, no sorprendería que se originara en fuerzas rivales, muchas constituidas principalmente por fundamentalistas islámicos. Ellos saben que un ataque químico sería una torpeza mayúscula e innecesaria para Assad, ya que hacerlo es bailar la danza de la lluvia para llamar una tormenta de misiles norteamericanos.  El estado de caos del país, los múltiples actores del conflicto y sus operaciones encubiertas, junto al ruido que genera la guerra de información que impera sobre el conflicto, impide tener una certeza completa al respecto. Lo cierto es que ha constituido razón suficiente para que no solo Trump ordene la acción, quien además mueve el foco de sus problemas en casa, sino para obtener el apoyo militar de la Primer Ministra May y el Presidente Macron.

Mucha gente todavía tiene dudas sobre qué exactamente implica el uso de armas químicas. Si una guerra implica ya la aniquilación mutua de seres humanos ¿qué tiene de importante la forma en que se realice?  A ellos cabría mencionarles que hace más de un siglo fueron usadas por primera vez en batalla, en la Primera Guerra Mundial. La muerte por estas armas fue tan dolorosa e infernal, y su naturaleza tan poco controlable por la acción de los vientos, que su uso se prohibió solo años después de terminado el conflicto.

Emplear armas químicas, biológicas y nucleares es uno de los tabúes de la sociedad contemporánea aún en circunstancias donde los humanos se organizan para acabar con otros humanos.

Siria está aliada a Rusia, pero no es una razón por la cual los rusos intenten estrellar su cabeza contra Occidente, al menos no directamente. via Clarín

Siria está aliada a Rusia, pero no es una razón por la cual los rusos intenten estrellar su cabeza contra Occidente, al menos no directamente. via Clarín

2. ¿Esto es el comienzo de la Tercera Guerra Mundial?

No.

La lluvia de fuego que cayó sobre Damasco y Homs se realizó sobre posiciones de un aliado abierto de Rusia, una potencia nuclear, lo que ha generado una inmediata y entendible alarma. Si bien Rusia ha anunciado que la acción no quedará sin consecuencias, su margen de acción es escaso y su motivación para escalar el conflicto a un nivel mayor por un ataque corto y de alcance limitado es más estrecho aún.

A nivel político Vladimir Putin acaba de ser reelegido con un récord de votaciones y ejerce control sobre los nodos clave del poder en su país, por lo que lo último que necesita es una guerra mayúscula contra Occidente, con el que ya tiene demasiados problemas, para legitimarse en el frente interno.

A nivel militar, más allá del discurso ruso, sus fuerzas armadas convencionales no son rival para las de Estados Unidos y menos contra toda la OTAN, una entidad diseñada expresamente para un conflicto bélico con la ex URSS, que constituía una potencia militar más fuerte que su heredera rusa.

Aún en el caso de un conflicto limitado en el escenario sirio entre fuerzas rusas y occidentales, la capacidad de los Estados Unidos y sus aliados para una acción mayúscula es incomparable con la rusa, debido también a la cantidad de bases militares rodeando la zona y aliados de peso. Esto abriría la puerta a una guerra que eliminaría el régimen de Assad en Siria, lo último que desean los rusos, aunque esto no significaría el fin de la guerra sino probablemente una agonía mayor.

La economía rusa tampoco puede compararse con la de sus potenciales enemigos, además que tiene otros frentes como el conflicto congelado en su frontera con Ucrania tras la invasión de Crimea. En suma a nivel convencional una respuesta militar es innecesaria, a menos que un ataque de Estados Unidos toque no a aliados, sino a objetivos específicamente rusos. Mencionado todo esto, no es necesario ahondar en que una escalada nuclear sobre el tema está fuera de una discusión racional.

Como si estas razones no fueran suficientes, Rusia está a solo meses de convertirse en el foco de la atención del planeta debido al Mundial que se llevará a cabo en su suelo, algo que constituye un oasis de “poder blando” para un país necesitado de prestigio e influencia global. Tener al planeta hipnotizado siguiendo al balón de fútbol en suelo ruso bien le puede valer a Putin aguantar hasta acciones de calibre mayor de Occidente.

Rusia ya tiene precedentes de intentar llevar al límite el recurso retórico para defender a sus aliados. Sucedió hace casi dos décadas cuando la OTAN atacó a su aliada Serbia en una ofensiva de mucha mayor envergadura. Rusia tuvo que limitarse a protestas diplomáticas. Aunque ahora está más reestablecida que en la era de Yeltsin, el año pasado sucedió algo similar en Siria por otro ataque químico y Rusia se limitó a alzar el puño al cielo y agitarlo amenazante.

Entonces no hay Tercera Guerra Mundial, no hay holocausto nuclear, y no hay guerra convencional entre grandes potencias. Pero hay otras consecuencias y tragedias.

En rojo las fuerza de Assad apoyadas por Rusia e Irán, en verde las facciones rebeldes apoyadas por Arabia Saudí y EEUU, en amarillo los kurdos, en azul la intervención turca y en negro los restos del Daesh, el Estado Islámico via omrandisarat.com

En rojo las fuerza de Assad apoyadas por Rusia e Irán, en verde las facciones rebeldes apoyadas por Arabia Saudí y EEUU, en amarillo los kurdos, en azul la intervención turca y en negro los restos del Daesh, el Estado Islámico – via omrandisarat.com

3. Lo que queda de Siria y lo que cabe esperar

Una guerra inciada en 2011 ha extinguido la vida de medio millón de personas, dispersado a una tercera parte de la población fuera de su patria y puesto en duda la existencia futura de lo que actualmente conocemos como Siria. Allí les daría igual la noticia de una Tercera Guerra Mundial, ya que ese territorio sigue experimentando su propio fin del mundo. Para quienes se han perdido últimamente en este caótico conflicto, los actualizamos brevemente con dos noticias: una buena y una mala.

Como es tradición, la buena va primero: el Daesh hace meses ya no constituye una entidad de peso ni en Siria ni Irak, por lo que el actor más desquiciado de todos es el primer derrotado en el conflicto. Allí se acaba lo único bueno.

Lo malo: el conflicto actualmente está equilibrado de tal manera que no existe un ganador final de éste, ni cese al fuego a la vista de ningún bando. Aunque Daesh está K.O. y las fuerzas de Assad han ganado predominio, sigue siendo un conflicto muy complejo y la pesada rueda de la guerra sigue girando sobre las espaldas sirias.

El olor de la sangre sigue atrayendo a los tiburones regionales. Arabia Saudí apoya a los rebeldes fundamentalistas para evitar que la guerra aumente la influencia de su tradicional archienemigo Irán, cuya teocracia apoya el régimen laico de Assad. Los saudíes cuentan con el poderoso respaldo norteamericano de maneras tan enredadas que se han dado situaciones de colaboración no tan indirecta entre Washington y  Al Qaeda. Los iraníes colaboran con los rusos, quienes han sido claves en los recientes triunfos del régimen de Assad, pero que ha atraído el recelo de Israel y su intervención directa e indirecta. Como si este “royal rumble” no fuera suficiente, Turquía ha invadido el norte de Siria para destruir a sus tradicionales enemigos kurdos, quienes habían establecido su dominio allí después de aplastar al Daesh en terribles combates. Siria es un molino de seres humanos en todos sus rincones, una licuadora de gente girando a toda potencia.

Finalmente, los dos actores de mayor peso involucrados van por caminos distintos en Siria. El objetivo de Donald Trump en Siria es sacar a los EEUU del conflicto apenas Daesh sea solo cenizas luego “que ellos se las arreglen”, algo acorde con el discurso aislacionista y de levantar muros hacia el mundo que lo llevó al poder. Trump podrá ser un personaje tan desprestigiado como voluble, pero esta parece ser una de sus metas más estables. La misma no coincide con otras facciones de Washington, con una mirada geopolítica muy distinta sobre la presencia norteamericana en Siria. Una recurrencia de ataques químicos puede forzar a una mayor presencia norteamericana antes que una retirada.

Aunque EEUU se retire de Siria, sigue con el poder de mover la balanza a distancia gracias a su proyección de poder naval y aéreo, sus bases cercanas y aliados. Esto sucede muy a pesar del discurso de Rusia y un Vladimir Putin quien, por lo visto, tendrá que comerse sus amenazas de represalia o ejecutarlas de manera no convencional. Si bien Rusia no puede responder con la misma moneda aún quedan otros recursos como operaciones encubiertas, camuflar sus respuestas en la de sus aliados o realizar acciones de represalia mediante una “cyber guerra” en Internet y medios electrónicos, un campo de batalla para el que las mayores potencias tienen un arsenal de sorpresas preparado.

Andrés Paredes

Relaciones Internacionales y otros conteos regresivos
Secured By miniOrange