Tierra Uno Miércoles, 26 noviembre 2014

Ferguson y las cicatrices de la segregación

Andrés Paredes

Relaciones Internacionales y otros conteos regresivos
Foto: Time.com

Foto: Time.com

Estados Unidos: Miembros de la policía agreden con extrema violencia a un joven afroamericano desarmado. Son llevados a juicio y el proceso salta a los medios, al mismo tiempo que la tensión social latente. Parte de la audiencia estalla en furia cuando el veredicto favorece a los agresores. Se inician disturbios que incluyen la quema de automóviles, el saqueo de propiedades y el enfrentamiento contra una policía desbordada. Finalmente el gobierno norteamericano se ve obligado a llamar a la Guardia Nacional por la magnitud de los acontecimientos.

¿2014, Ferguson? No: 1992, Los Angeles. Rodney King, víctima de la violencia policial en Los Angeles no fue asesinado como Michael Brown en Ferguson en 2014. Y los disturbios recientes no registraron muertos, como sí sucedió aquella vez con decenas de fallecidos en la gran ciudad californiana. Pero la similitud de los hechos parece cumplir un patrón cíclico de violencia interracial muy particular. La superpotencia mundial aún mantiene las tensiones heredadas de su pasado esclavista y de las posteriores políticas de segregación. No lo puede ocultar, a pesar de todos los progresos hechos en el último medio siglo. Existen grandes brechas que siguen sin acortarse. La presidencia del primer afroamericano en el cargo como Obama no fue ninguna pomada mágica capaz de terminar en 8 años traumas e injusticias idiosincráticas que duraron siglos.

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Sin embargo, a pesar de las dimensiones actuales de la reacción por la impunidad del policía asesino de Michael Brown en Ferguson, cabe tener en cuenta la visión panorámica ante el espejismo del breaking news. Con Los Angeles y 1992 en mente, la intensidad del estallido en 2014 es menor, aunque las protestas, carentes de la dimensión destructiva del ojo del huracán, se “viralicen” en una geografía mucho más amplia. Los factores particulares, como que Ferguson se encuentra en una zona de raigambre segregacionista en el sur norteamericano, se conjugan con los generales, como que el 40% de la población penitenciaria en EEUU es de origen afromericano (con muchos delitos menores con penas severas), a pesar de ser solo el 13% de la población. Es un cóctel, con más ingredientes, que seguirá produciendo hechos tirantes entre la diversa población que compone al gigante americano.

Los problemas que se arrastran por siglos de injusticias, rara vez se curan en un tiempo relativamente corto. Parte de la base inicial productiva de Estados Unidos hizo uso intensivo de esclavos africanos. El precio de esa oprobiosa “ventaja económica”, cerrada solo con una guerra civil espeluznante en el siglo XIX, es una serie de fisuras sociales que todavía no están bien reparadas. Hay cicatrices que, incluso cerrando algún día, marcan el rostro y la identidad de una nación de manera definitiva. Y cuando se abre un punto en las costuras de la herida, como en Ferguson, la pregunta sobre si casos similares se sanan del todo surge no solo para países como Estados Unidos, sino en otros como el nuestro.

Andrés Paredes

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