internacionales , Tierra Uno Jueves, 18 septiembre 2014

¿Un Reino Unido sin Escocia? 5 consecuencias en el tablero internacional

Andrés Paredes

Relaciones Internacionales y otros conteos regresivos

 

#indyref vía @sallesino

#indyref vía @sallesino

La independencia de Escocia supondría un cambio de banderas, monedas, nuevos pasos fronterizos y su momentánea suspensión de la UE y la OTAN. También mucho, mucho petróleo pasaría a administración exclusiva de los escoceses que, a pesar de su probable agotamiento a mediano plazo, fue una de las razones más poderosas para que la población contemple la independencia, junto con una serie de discrepancias de la población con el gobierno central de Londres. Pero además de esas y otras consecuencias para la antigua potencia británica, existen ondas de choque de este posible acontecimiento a nivel mundial, entre las más importantes:

 

1. El  auge global de proyectos separatistas

El Reino Unido siempre ha ido a la vanguardia de muchas tendencias mundiales: desde el desarrollo de la institución parlamentaria y la revolución industrial hasta el buen rock y el humor absurdo. En este caso, que un país considerado aún como potencia sirva como ejemplo de un desmembramiento sin necesidad de guerra civil o colapso social y económico “a la URSS”, alimentará o resucitará múltiples proyectos tanto en Europa como en otras latitudes (Cataluña, Italia del Norte, Flandes, Quebec, etc.) Si Escocia se independiza, veremos un mundo un poco más atomizado, además de nuevos países, banderas y capitales qué memorizar.

 

2. Un posible portazo a la Unión Europea

El referéndum de 2015 para la permanencia de Inglaterra en la UE probablemente se inclinaría hacia la separación de la Unión sin la población de Escocia, que es mayoritariamente europeísta y que ha pesado como respaldo a la UE dentro del Reino Unido. Sería el primer antecedente de un país que abandona el gran proyecto europeo, ya golpeado por la crisis y el escepticismo.

 

3. La inexistencia del Reino Unido como potencia nuclear

Las bases de los submarinos Trident en Escocia, armados con misiles nucleares, constituyen el espinazo de la fuerza del Reino Unido como potencia nuclear. Las fuerzas independentistas han dejado claro que ese poder nuclear no tendrá lugar en una Escocia independiente y que las bases de esos submarinos no subsistirán después de 2020. Mientras los costos de traslado de todas las instalaciones a territorio inglés son muy altos, la población de las islas ya se pregunta si es totalmente necesario o relevante mantener un poder nuclear propio en un contexto con aliados nucleares en la OTAN como EEUU y Francia.

Escocia y el resto del Reino Unido. Vía.

Escocia y el resto del Reino Unido. Vía.

 

4. Un Consejo de Seguridad de la ONU con un socio disminuido

El Reino Unido mantendrá su sitio en el Consejo de Seguridad en la ONU, aunque mucho más debilitado, quizá como la menor de todas las potencias con un sitio permanente en este privilegiado grupo. Los precedentes de países que han experimentado secesiones de parte de su territorio original ya existen en los casos de China en 1949 (cuya encarnación continental pudo recuperar ese asiento en 1971) y la espectacular disolución de la URSS en 1991, que dejó a Rusia como estado heredero del escaño.

 

5. Estados Unidos enfrentado a más responsabilidad con Occidente y gasto militar.

La secesión de una parte importante del más fiel aliado de los EEUU en el mundo obligaría al gobierno de la superpotencia americana a cubrir los huecos que dejaría una Gran Bretaña ya no tan grande. La independencia de Escocia implicaría además de pérdida territorial y posible salida del club nuclear, la disminución tanto de la población, economía, recursos naturales y fuerzas armadas del Reino Unido.  Los EEUU se han apoyado en muchas de sus operaciones e intervenciones mundiales en las fuerzas inglesas como aliado prioritario y casi siempre “a la orden”. Con éstas fuerzas disminuidas y hasta enfrentadas en un dilema existencial sobre si vale la pena mantener la apariencia de una gran potencia que ya no es, el rol de los EEUU como fuerza militar defensora de los intereses de Occidente queda cada vez más solitario, justo cuando se planteaba recurrir a más ayuda y responsabilidad de los aliados.

Andrés Paredes

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